18 de junio de 2022
Acto de homenaje y entierro de los restos mortales de Daría González Pelayo, una de "Les Candases"
Acto de homenaje a Daría Gonzalez

Intervención de la Viceconsejera de Justicia, Encarnación Vicente:

Muchas gracias por contar con el Gobierno de Asturias para este acto de justicia, reparación, memoria, honor, y democracia.

En unos minutos, cuando los restos mortales de Daría ocupen el lugar deseado por su familia en el cementerio de Candás no estaremos cerrando un hecho luctuoso de un pasado no tan lejano, en la medida en que algunos de sus efectos aún se proyecta sobre nuestras vidas. Todo lo contrario.

Hoy aquí en Carreño, estaremos abriendo una etapa nueva. La de una comunidad que conoce mejor su historia, la escribe con verdad pero sin rencor, que rinde homenaje a quienes defendieron el bien común y algunos de los ideales más nobles aun a costa de su propia vida, y utiliza su ejemplo para ensalzar valores como la convivencia, la igualdad, la justicia social, el progreso, la democracia y la libertad.

Desde el origen de los tiempos, todas las grandes creaciones sociales de la humanidad se han servido de los héroes para formar comunidad y conseguir sentido de pertenencia.

Daría, junto con el resto de compañeros y compañeras que fueron ejecutados en el Cabo Peñas, es una mujer ilustre de Carreño, símbolo de una comunidad que es más grande cuando afronta los problemas unida, cuando no tiene miedo y, si lo tiene, antepone el compromiso al terror.

Sus verdugos acabaron con sus vidas, pero no con su ejemplo, y las hicieron eternas.

Hoy, Daría González Pelayo, como el resto de Les Candases que fueron torturadas, asesinadas y arrojadas al mar aquel fatídico 2 de junio de 1938, tienen por derecho propio un lugar de honor en la memoria de esta tierra.

Han vencido a sus verdugos. Perviven entre nosotros.

Desde aquel día y para siempre son imagen de ejemplo, memoria, respeto, amor, lucha, valores. Son símbolo de una Asturias universal como lo son todos los ciudadanos que, frente al Golpe de Estado y la represión franquista, eligieron ser fieles a su país, todos los que se comprometieron con España.

No me voy a extender en la figura de Daría, muchos de los aquí presentes la conocéis s mucho mejor que yo pero es importante recordar que nació el 1 de noviembre de 1875 por lo que contaba 62 años cuando fue asesinada.

Era hija de Félix González, de Candás, y de Rufina Pelayo, de Avilés. Tenía tres hermanos: Adolfo, Emilia y Paulino. Estuvo casada con Rufino Menéndez y tuvieron tres hijos: Félix, María y Rufino. Félix era latero en una conservera de Candás. María se dedicaba a las labores del hogar, al igual que su madre. Rufino trabajaba de chófer en el parque móvil, estuvo en La Habana y le tocó hacer la mili en Marruecos. Félix y Rufino eran destacados líderes del Partido Comunista de Carreño por lo que, ya en un primer momento, fueron perseguidos por los fascistas.

El 8 de septiembre de 1937, Daría solicita el pasaporte de evacuación para ella y para sus hijos María y Rufino, para salvar sus vidas. Solo dos de sus dos hijos lograron escapar. Félix estaba escondido y para que se entregase, detuvieron a Daría, amenazando con matarla si él no se presentaba. Félix se entregó para tratar de salvar a su madre pero el odio puedo más que la razón y los dos, fueron llevados desde el Centro de Interrogatorio y Palizas de Casa Jenarín, en un camión cargado de hombres y mujeres, en dirección al Cabo Peñas. Era la mañana del 2 de junio de 1938.

Es casi seguro que en el vehículo viajaban al menos siete mujeres y cinco hombres, todos ellos vecinos de la villa, quienes fueron asesinados al llegar a su destino, arrojando sus cuerpos por el acantilado. A partir de esa misma mañana, las playas, puertos y pedreros cercanos a las localidades de Bañugues y Luanco aparecieron los cadáveres que habían sido devueltos por el mar.

Ahora sabemos que Daría era una de ellas. María no tuvo descendencia. Falleció en 1986 y está enterrada en Biarritz. Rufino murió el 26 de diciembre de 1982 y algunos de sus descendientes están hoy aquí. A ellos dirijo ahora mis palabras.

Si en Asturias tuviéramos como en París un Panteón de los Hombres y Mujeres Ilustres. Daría debería tener un hueco en él. Toda vuestra estirpe debe saber que recordamos a vuestra abuela, a vuestro padre y a vuestros tíos con orgullo, con devoción democrática, con alegría pese a la crueldad que envolvió su final; con admiración por su lucha, por su compromiso, por su militancia, porque su memoria es una parte esencial de nuestro presente, y porque fueron semilla y fundamento de nuestro futuro como sociedad.

Voy a finalizar con un consejo y una petición. Pese al dolor, no odiéis. El odio es el peor de todos nuestros demonios.

Tomo prestada una frase para cerrar esta intervención de una de las escenas más brillantes y emotivas de la historia del cine, de una de las locuciones más brutales que se recuerden. A quienes no hayan visto la película, se la recomiendo encarecidamente.

“El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás”. Charles Chaplin. El Gran Dictador 1940.